Training on learning disabilities

for parents and teachers.

New strategies and methodologies

and ICT contribution.

2015-1-ES01-KA201-015806

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ACTITUDES BÁSICAS DEL PROFESORADO

En primer lugar, es necesario que los adultos que intervienen con alumnos que tienen discalculia, acepten que su sintomatología está asociada a la presencia de un trastorno permanente, de origen neurológico, y que, por lo tanto, necesita ayuda.

También se necesita partir de la idea de que la normativa educativa ya establece claramente qué tipo de adaptaciones en el currículo, y sobre todo, en el acceso al currículo hay que hacer.

A veces, dado que estos niños tienen problemas motivacionales asociados a la percepción de sus dificultades, pueden ser vistos como alumnos “vagos”, que no trabajan lo que debieran.

También se tiene en ocasiones, la idea irracional o equivocada de que como el niño tiene esta dificultad, debe trabajar aún más, haciendo más ejercicios, de por ejemplo, cálculo, o similar. Esto es contraproducente. De la misma manera que a un ciego no se le obliga a trabajar más la percepción visual dándole más tareas para que las vea, a un niño con Discalculia tampoco se le debe pedir que haga más y más ejercicios de matemáticas.

Por otra parte, otra actitud básica de partida necesaria es que si desarrollamos un proceso de enseñanza-aprendizaje inclusivo, utilizando metodologías que se han demostrado válidas y necesarias no sólo para aumentar el nivel de motivación, para conseguir aprendizajes más eficaces y duraderos en todo el alumnado, sino, lo más importante, para poder responder de una manera positiva a la diversidad de alumnado que suele haber en un aula. Por eso, además de las orientaciones incluidas en este documento específico de discalculia, sería recomendable analizar el documento sobre metodologías inclusivas y e-learning.